El laboratorio Pista central

La cara y la cruz de Djokovic

En 2014 empezó un nuevo reinado en el mundo del tenis, el reinado de Novak Djokovic. Pero tras dos años de dominio en las pistas por parte del serbio, un día todo eso cambió: el día en que ganó Roland Garros en 2016. Nos acostumbró a que ganarlo todo fuese su tónica habitual, ya que era prácticamente torneo que tocaba, torneo que ganaba. Pero a finales de 2016 todo dio un vuelco, y nada volvió a ser lo mismo.

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Djokovic alzando la Copa de Maestros en 2015. Foto: Tenis Zone

Este mismo año puede considerarse el año en el que Djokovic se convertiría en el Rey absoluto del circuito, una bestia que parecía intratable e imposible de batir. Con una leyenda del tenis como Boris Becker en su equipo, Novak empezó conquistando Indian Wells, para seguir con Miami, Roma, Wimbledon, Pekín, París, y para acabar la temporada se acabó proclamando el campeón de campeones en las ATP World Tour Finals. Se avecinaba una nueva era, la era de Novak Djokovic.

2015 es posiblemente el año de Nole, el año en que prácticamente ningún torneo se le resistió y que le sirvió para consolidarse como número 1 del mundo con gran ventaja respecto a sus perseguidores. Empezó su gran año conquistando quinto Abierto de Australia y volvió a revalidar título en Indian Wells, Miami y Roma, añadiendo entre estos también el Masters 1000 de Monte Carlo. Fue el año en el que casi logró conseguir los cuatro Grand Slams, ya que posteriormente conseguiría alcanzar Wimbledon y US Open; pero se le seguía resistiendo el ansiado Roland Garros. Volvió a defender su reinado en Asia, revalidando sus triunfos el año anterior en Pekín, y este año logrando la victoria también en Shangai, para acabar el año conquistando de nuevo París y proclamarse, otra vez, campeón de campeones logrando la victoria en la Copa de Maestros.

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Djokovic celebrando su primer Roland Garros en 2016. Foto: Diario Fotofinish

Pero toda esta suerte, un día cambió. 2016, al fin y al cabo no fue un mal año para Djokovic, ya que lo empezó intratable de nuevo, conquistando Doha, su sexto Abierto de Australia, por tercer año consecutivo Indian Wells y Miami, Madrid, su ansiado Roland Garros y también Canadá. Y digo ‘ansiado’ porque era el Grand Slam que le faltaba para completar los ‘Big Four’, una deuda personal que tenía con él mismo para entrar en la historia del tenis, pero que no sabría que en un futuro acabaría jugándole una mala pasada. Y sin duda lo ha hecho. Parecía que el camino que llevaba Nole le iba a llevar a sobrepasar la hegemonía de los diecisiete Grand Slams del suizo Federer, ya que sus máximos rivales no pasaban por su mejor momento.

A partir de conquistar Roland Garros, cualquier fan del tenis ha notado en Djokovic una menor motivación en su actitud a la hora de enfrentar un partido, un bajón en su ansia de ganar. Una derrota muy temprana en Wimbledon y en los Juegos Olímpicos de Pekín, y también la derrota en el US Open frente al escocés Andy Murray, suponía una etapa en la que no todo iba muy bien para el tenista serbio. Pero también entró en juego otro factor mucho más personal, Nole había sido padre:

“Mi prioridad número uno ya no es el tenis”, declaró el propio Djokovic

Su propio entrenador Boris Becker también se dio cuenta de esto, y ambos decidieron poner punto y final a su andadura juntos. Notaba que su pupilo ya no enfrentaba los partidos con las ganas con las que lo hacía antes, como bien ha aclarado en varios medios:

Boris Becker: “Djokovic no entrenó todo lo que debía últimamente, no dedicó todo el tiempo que debería a entrenar y él lo sabe”

Tocaba poner punto y final a una temporada agridulce, que empezó de forma impecable pero que acabó de la peor forma posible para Djokovic, con derrotas inesperadas y precipitadas, y con el resurgir del tenista escocés Murray, que le logró arrebatar el número 1 del ranking ATP.

Era la hora de centrarse en una nueva temporada que parecía apasionante por la lucha entre Djokovic y Murray, pero de momento parecen ser sólo expectativas. El inicio de temporada del tenista serbio no está siendo digno de su nivel, y mucho menos de a lo que nos tenía acosumbrados. Sus números desde principio de año hablan por sí solos, y es que en estos seis meses de competición, Nole tan sólo ha logrado 1.015 puntos, algo que se puede conseguir conquistando un Masters 1000. Tan sólo ha alzado un trofeo, el de Doha, ya que en el Abierto de Australia el serbio cayó en segunda ronda, en Acapulco en cuartos y Miami, en Indian Wells en octavos, y en este último torneo de Madrid en semifinales.

Estos malos resultados han llevado a Novak a tomar una difícil decisión: acabar con su equipo técnico de toda la vida. Ello también quiere decir el adiós al banquillo de su técnico y mejor amigo Marian Vajda, del fisioterapeuta Miljan Amanovic y del preparador físico Phil Gritsch, los cuales le habían acompañado a lo largo de estos diez años.

“Estoy eternamente agradecido a Marian, PG y Miljan por estos 10 años de amistad, profesionalidad y compromiso. Sin su apoyo no podría haber logrado llegar tan alto. No fue una decisión fácil, pero todos sentimos que necesitábamos un cambio”, aclaró Djokovic en su comunicado

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Novak Djokovic en el Abierto de Australia en 2017. Foto: Bleacher Report

Aquel Roland Garros de 2016 y el cambio de equipo técnico han hecho que quizás Nole haya perdido la confianza que tenía en aquellas temporadas en las que parecía que tan sólo existía él en el circuito. Quiere volver a estar en lo más alto de la tabla y volver a ser aquel tenista intratable, por lo que está en busca de un nuevo equipo que le lleve de vuelta al número 1 del ranking:

“Siento que se abre un nuevo capítulo en mi vida. Quiero encontrar una manera de volver a la cima, siendo más fuerte y resistente”

Si algo nos ha demostrado Novak Djokovic, es de que cuando quiere y se concentra plenamente en lo que debe hacer, no hay prácticamente nadie que le pueda parar. Y sin duda, el tenista serbio va a volver, porque ha demostrado ser un tenista hecho por y para ganar títulos, y quiere seguir ampliando su palmarés y su historia en el mundo del tenis. Hasta entonces, habrá que esperar a que el serbio decida apretar ese botón mágico que le hace bailar por encima de la pista.

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