Tribuna

Liga de filiales, ¿bendición o problema?

Si por un día fuera vuestro el cargo de Ángel María Villar o de Javier Tebas, ¿os decidiriáis por la creación de una liga de filiales o mantendriáis el formato tal y como está?

Con las eliminaciones del Valencia Mestalla y el Barcelona B a Real Murcia y Cartagena C.F respectivamente se ha abierto un debate que repercute tanto a la pureza del fútbol como a la formación de jóvenes que si todo les saliera bien, quizás en un futuro serían los encargados de portar la camiseta nacional.

El bagaje en estas competiciones, vital para la formación de los jóvenes

Sergi Roberto y Jesé Rodriguez en un derbi de filiales en Segunda División. Fuente: www.marca.com

Haciendo caso a entrenadores, jugadores o directivos no sacamos nada en claro, pues, como es lógico, cada uno defiende sus intereses. Uno de los que más se ha manifestado en este apartado es Pep Guardiola, mostrando su malestar con la liga sub-23 que hay establecida en Inglaterra, en la cuál los filiales disputen cada fin de semana contra los segundos equipos de otros clubes de la élite inglesa. Según el técnico catalán, esto es perjudicial para sus pupilos y obstaculiza que les pueda otorgar más oportunidades con el primer equipo. ¿Si no ha competido ni siquiera en la Championship o en la League One (segunda y tercera categoría en Inglaterra) como voy a lanzar a mis chicos a jugar en la dura Premier League? es la idea que acampa por los pensamientos de Pep en referencia a tal conflicto.

El principal argumento en contra lo presenta Guardiola con sus experiencias. En su carrera ha dotado la oportunidad de hacerse con un hueco en su once titular a chavales que no habían debutado ni en Segunda B. Pedro y Sergio Busquets desconocían la dureza y dificultad de la categoría de plata y más de lo mismo con la categoría de bronce, pero aquella inexperiencia no les obstaculizó para meterse en el bolsillo tanto al técnico que apostó por ellos como a la afición que les observaba expectante. En los grandes clubes saben quién vale y quién no. Los pupilos que más destacan en la gran mayoría, siempre cuentas con buenas oportunidades en forma de cesión en clubes modestos de Primera División o Segunda División, el resto que se quedan en el filial, quizás por no llegar a su maduración óptima, podrían jugar en una liga de filiales. De este modo, cuando fuera evidente que tal liga ya no les puede aportar nada mal, los clubes contarían con numerosas ofertas de cesión, en busca de que su progresión alcanzara el siguiente escalafón.

 

El calvario de los equipos humildes

Cartagena y Real Murcia en un partido de la actual temporada, ambos eliminados de la promoción a Segunda División. Fuente: www.laopinióndemurcia.com

Por el contrario, hay un gran número de espectadores (y directivos, técnicos y jugadores de equipos modestos) que apuestan por la pureza del fútbol, que disienten del fútbol moderno, que lo que a ellos les da la vida cada semana son los partidos entre equipo pequeños, batiéndose el cobre en campos humildes, con transportes incómodos y en numerosas ocasiones con su otra vida, la profesional, cargando a las espaldas. Equipos modestos como el Villanovense, el Socuéllamos, el Logroñes o el Lleida en los últimos años han sido apeados por equipos filiales de clubes con participación en Europa como son el Bilbao Athletic y el Sevilla Atlético.  Si los pupilos de tales clubes desde infantiles hasta juveniles siempre han jugado contra los mejores de su misma categoría y edad (en División de Honor Juvenil, Ligas autonómicas en cadete e infantiles) ¿por qué una vez llegados a los segundos equipos no continúan así (en una liga de filiales) en lugar de ocupar una plaza en Segunda B o Tercera donde ni de lejos están jugadores del máximo nivel al que los jóvenes están acostumbrados?

Las últimas víctimas de dicho sistema de filiales han sido el Cartagena C.F y el Real Murcia C.F. que para más inri, a los murcianos les ha eliminado un gol de un chavalito de 28 años. Muchas voces defiende que estos equipos tendrían que tener la propia autoridad de poder haber ganado a los filiales del Valencia y Barcelona, como si dichos filiales no estuvieran formados por jugadores que han ido captando des de alevines por ser considerado de lo mejorcito de su generación. Es cierto que el camino no ha sido precisamente de rosas para llegar hasta la última ronda de promoción para los pupilos taronja y tampoco para los culés. Del mismo modo que no lo ha sido para ningún filial en los últimos años. Observando la estadística, en las últimas 6 temporadas, de 96 equipos que han jugado la promoción, tan sólo 15 han sido filiales. En el mismo intervalo de tiempo, de los últimos 20 equipos que han logrado ascender a la división de plata, sólo tres han sido segundos equipos (Real Madrid Castilla temp. 2011/12, Bilbao Atlhetic temp. 2014/15 y Sevilla Atlético temp. 2015/16). Falta por saber el resultado de esta última fase de promoción*. Una contradicción para estos clubes humildes es que sus respectivos filiales, obstaculicen la supervivencia o la consecución de permanencias y ascensos de otros clubes mucho más modestos aún en categorías como Preferente Regional.

 

En resumen, ¿a quién beneficia el actual sistema con los filiales en Segunda, Segunda B y Tercera? Sin duda alguna a los grandes clubes y de manera indirecta a la selección nacional, tanto a la absoluta como a la Sub21. Tendríamos el ambiente que hay en los campos ingleses si excluyéramos a los filiales de las divisiones de plata y bronce? Lo dudo, cada uno tiene su idiosincrasia y no creo que en nuestro país llegáramos a vivirlo del mismo modo que los británicos. Lo que si que ayudaría, sería ver campos humildes de Segunda y Segunda B llenos hasta la bandera antes que ver grandes campos como el Sánchez Pizjuán  o el San Mamés a menos del 50% de su capacidad. ¿Sería el límite de edad para los jugadores del filial una ayuda? En mi opinión, no. La gente tiene un solo club, pese al inconveniente del duopolio Real Madrid-Barcelona, muchos lo son del club de su tierra. Por mucho que tengan un gran afecto, la pasión y la fidelidad con la que sigue un gaditano a su Cádiz, nunca será comparable al afecto que le puede tener un hincha al filial de su equipo, porque quién realmente ocupa su corazón es el primer equipo, como es lógico y normal en la mayoría de los casos.

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