El laboratorio La medular

Pizarra y entrega, Marcelino García Toral

El Valencia sigue dando de que hablar jornada tras jornada. Unas veces por su demoledor ataque, otras, por su infranqueable defensa y, cuando no, el buen juego que genera la medular “ché”.

Detrás de todo gran proyecto hay uno o varios arquitectos y,en este caso, no son nadie más que Marcelino García Toral y su cuerpo técnico, porque no. El asturiano, exentrenador de Villarreal, Racing de Santander, Sevilla o Zaragoza, entre otros, llegó a orillas del Turia este verano. Tras unos años de crisis deportiva e institucional, como pocas en la historia del club, el técnico ha conseguido registrar el mejor arranque liguero de la historia del Valencia Club de Fútbol. Y como todo logro, tiene unos cimientos en los que reposa el éxito.

Reparto equitativo del terreno de juego: 4-4-2

Con estas mismas palabras, define Marcelino García Toral el planteamiento que tantos éxitos le ha aportado en su carrera profesional. Una formación que permite explotar al máximo cada contragolpe de los suyos. El perfil y talento de la plantilla dibuja, en momentos del partido, un 4-3-3 definido. La polivalencia de Carlos Soler lo ha desplazado al extremo derecho donde, además de crear ocasiones de gol, participa activamente en la sala de máquinas junto a Parejo y Kondogbia. Guedes, en la otra banda, desempeña la labor “clásica” del extremo más ofensivo.

“El perfil y el talento de los jugadores nos determinará el estilo del juego, pero si puedo elegir, escogeré siempre este sistema”

Bien es cierto que el técnico, desde que cuenta con la plantilla al completo, no varía en el once inicial. Lo que no trae lugar a dudas, es que el sistema ha devuelto el equilibrio en el terreno de juego. Las líneas se respetan tanto en el contragolpe como en las acciones contrarias. El individuo trabaja por el colectivo y éste sale reforzado, como bien dice la clasificación.

Ofensiva total

Los números no engañan y, a estas alturas de la competición, el conjunto dirigido por Marcelino suma 30 goles a favor, los mismos que el Fútbol Club Barcelona y ocho más que el Real Madrid.

El juego “ché” no se basa en el contragolpe, pero “si cabe la posibilidad aprovecharemos la recuperación para crear una ocasión de gol”, afirma el asturiano. El esquema permite a los extremos convertirse en interiores para dar paso a los laterales en las ofensivas. Gayà y Montoya suman en cada ataque desplazando, de esta forma, a Soler y Guedes al interior del terreno de juego.

La presión en bloque y adelantada favorece que las intercepciones en esta línea se conviertan en ocasiones manifiestas de gol. En esta faceta tiene vital importancia el papel de Kondogbia. El francés, uno de los jugadores con más peso en el terreno de juego, ha evolucionado en su juego hasta tal punto de convertirse en un, denominado modernamente, ‘box to box’. El jugador, cedido por el Inter de Milan, es capaz de interceptar un balón área propia y llevarlo hasta la portería rival. Real Madrid, Sevilla y Real Sociedad son algunas de las víctimas que el futbolista galo ha dejado por el camino.

La dupla, formada por Zaza y Rodrigo, se ve nutrida por, hasta cinco jugadores en las ofensivas del cuadro valencianista. El esquema, con dos referencias en el ataque, facilita el desequilibrio defensivo del contrario propiciando, en ocasiones, opciones claras de materializar.  Dicha dupla ha registrado unos datos inéditos en el club. Ambos jugadores suman 16 goles ya en competición. Además, el espectacular inicio de campeonato de los atacantes no ha pasado desapercibido y, tras años de ausencia, han vuelto a ser convocados por sus combinados nacionales.

Defensa en bloque

“Si el Valencia encaja 65 goles otra vez, no conseguirá sus objetivos”, sentenció Marcelino el día de su presentación. Con estas palabras echaba a andar el nuevo proyecto en Mestalla con la necesidad de parar la hemorragia defensiva de la última campaña. La temporada 2016/2017 fue la más sangrienta de la historia del club, en cuanto a goles encajados se refiere (65).

Para cerrar el agujero en el centro de la zaga el equipo debía someterse a una “profunda renovación”, como bien dijo el técnico en sus primeras comparecencias públicas. Solo Ezequiel Garay aguantó la reforma. Murillo y Paulista en forma de traspaso, y Vezo, tras su nefasta cesión a Granada, forman el eje central de la defensa esta campaña. El equipo ejecuta las órdenes a la perfección. La presión adelantada y en bloque permite a la defensa recuperar más balones y, junto con el centro del campo, evitar contragolpes. Kondogbia también tiene su impacto en la defensa. El galo, como anteriormente hemos comentado, se suma tanto al ataque como a la defensa. El francés llega para recibir el balón permitiendo la abertura de los centrales y la subida de los laterales, formando una defensa de tres en la salida del balón y una línea de cinco en la medular.

La detención de la hemorragia pasaba en buena medida por el cambio en la portería. El crédito de Diego Alves se había consumido en las últimas campañas y su papel dentro de la plantilla estaba tildado de tóxico. En su detrimento aterrizó desde Turín Norberto Neto. El guardameta brasileño ha hecho olvidar en apenas unos meses al exportero del Almería y ha reducido a la mitad los goles encajados a estas alturas de la pasada campaña. En la jornada 12 de la pasada temporada el Valencia había encajado 22 goles mientras que en la actual campaña suma tan solo 11 goles en contra.

Formación 3-5-2 en la salida del balón. La verdad no es otra que la situación más que favorable que atraviesa el Valencia en Liga. Marcelino ha recuperado la identidad perdida campañas atrás, ha generado ilusión a raudales en Mestalla y ha creado una auténtica atmósfera positiva en la ciudad del Turia. A estas alturas de la campaña, el conjunto blanquinegro suma 17 puntos más que la temporada anterior. Además, ha encajado 11 goles, la mitad que el curso anterior y, si consigue rendir de igual forma hasta el ecuador del año, sumaría más puntos que la temporada pasada al completo.

 

 

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