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La irregularidad, la seña de identidad del Athletic Club

El Athletic Club no está atravesando por un buen momento, ni en resultados ni, especialmente, en juego, que es lo más preocupante. En las últimas cuatro temporadas, el equipo, a las órdenes de Ernesto Valverde, tuvo sus altibajos pero en todo momento los jugadores eran consciente a lo que jugaban. Por lo que la situación nunca llegó hasta el extremo en la que se encuentra en la actualidad. Con la marcha del técnico extremeño al FC Barcelona, José Ángel (Cuco) Ziganda se hizo con las riendas del primer equipo bilbaíno, después de estar seis temporadas en el banquillo del filial rojiblanco (2011-2017).

A pesar de que las cosas comenzaron de la mejor forma posible con grandes resultados en el inicio de Liga Santander y en la previa de la Europa League, todo se torció tras la derrota frente a la UD Las Palmas. Desde aquel 17 de septiembre de 2017 el Athletic Club se encuentra desaparecido en combate. En alguna ocasión ha dejado algún destello de la calidad y el potencial del equipo, pero en ningún momento ha vuelto a resurgir por completo. Las lesiones, sobre todo la de Iker Muniain, dejaron al equipo muy mermado, pero el principal problema se encuentra en la medular rojiblanca.

Inicio fulgurante y sin cambios, aunque con matices: 4-2-3-1

Cuando algo funciona, es mejor no tocarlo. Algo similar debió pensar Ziganda cuando llegó al banquillo del Athletic. El esquema que dejaba Valverde lo heredó el entrenador navarro desde el inicio de la temporada. El 4-2-3-1 clásico de las alineaciones del Athletic no desaparecía, pero sí se introducían una serie de matices en la labor de los jugadores dentro de la misma disposición. En esta ocasión, el pensamiento de Ziganda pasaba por un Athletic replegado y con una mentalidad defensiva. Para ello, la primera seña de identidad que dejaba ‘Cuco’ era el centro del campo. El doble pivote, hasta entonces ocupado por Beñat, más adelantado, y San José, más retrasado, pasaba a estar formado por Mikel Vesga y el propio San José, pero ambos en la misma línea con la labor de destruir juego más que de generar.

Esta nueva hoja de ruta obtuvo sus recompensas durante los dos primeros meses de competición, pues el Athletic consiguió importantes resultados y demostró una solidez defensiva que años atrás no existía. Superaron las dos eliminatorias previas de la Europa League ante Dinamo de Bucarest y Panathinaikos de forma relativamente cómoda y dejando unas muy buenas sensaciones. Además, el inicio de la competición doméstica estuvo a la altura de los mejores equipos.

Durante los tres primeros partidos, en los que consiguió siete puntos de nueve posibles, Kepa Arrizabalaga mantuvo la portería a cero y reforzaba la mentalidad de Ziganda. Pero todo comenzó a torcerse en el encuentro frente a Las Palmas. El Athletic salió derrotado de su visita a Gran Canaria y desde aquel partido entró en un caída sin frenos. San Mamés no despertó a la bestia frente al Atlético, con una nueva derrota, y frente al Málaga dejaron escapar dos puntos en un encuentro que tenían prácticamente sentenciado (3-3).

Muniain, el jugador clave, lesionado

La mala imagen del equipo no desapareció ante el Zorya Luhansk en la Europa League. Después del empate cosechado en Alemania frente a Herta de Berlín era necesario conseguir los tres puntos ante sus aficionados para hacerse con la primera posición del grupo. No solo no consiguieron la victoria, si no que cayeron derrotados por cero goles a uno. A pesar del mal resultado, la peor noticia de aquel día fue la grave de lesión de Iker Muniain. El jugador clave del Athletic hasta ese momento sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior y decía adiós a la temporada. Dentro de la descoordinación general que sufría el Athletic Club, el jugador navarro era el único que despuntaba y daba la sensación de darle al equipo algo diferente.

La importancia de Muniain sobre el terreno de juego se demostraba partido tras partido. A pesar de salir escorado a la banda izquierda, realizaba labores de centrocampista y era el que movía al equipo en ataque. La falta de Beñat en el centro del campo hacía que Muniain tuviera que asumir la responsabilidad de llevar la manija del equipo.

Su movilidad por zonas interiores dejaba la banda izquierda completamente libre, lo que permitía las numerosas incorporaciones de Balenziaga hasta línea de fondo para buscar centros al área y que jugadores como Aduriz o Raúl García utilizaran su poderío físico y aéreo. Aunque ambos partían desde la misma posición, en tareas ofensivas Muniain y Williams tenían labores diferentes. Mientras que Iñaki Williams es más extremo puro y aparece por banda constantemente, Muniain solía hacerlo desde una segunda línea e intentando sorprender.

Lo que fue virtud ahora es debilidad, la defensa

El comienzo de la temporada estuvo marcado por una defensa férrea de la portería. Era muy complicado hacerle un gol al Athletic. Sin embargo, desde hace dos meses el conjunto rojiblanco ha recibido 19 goles en contra en 12 partidos. Como ocurre con todo, había gente a favor o detractores del nuevo estilo impuesto por Ziganda, pero al menos existía una idea clara de juego y todos remaban hacia la misma dirección. Esta situación ha desaparecido y ahora mismo el Athletic es uno de los equipos más vulnerables atrás. La falta de Yeray en el eje de la zaga, al que le falta muy poco para volver a los terrenos de juego, la suplió con creces Unai Núñez. El joven defensa bilbaíno ha demostrado estar a la altura de primera división y actualmente es uno de los jugadores más importantes de la plantilla. Para salir de la situación en la que se encuentra sumergido el Athletic uno de los principales aspectos que debe mejorar es la defensa.

Irregularidad fuera de casa

Otro de los aspectos que han mermado mucho al Athletic Club esta temporada ha sido su gran irregularidad como visitante. El conjunto dirigido por Ziganda ha disputado un total de once encuentros a domicilio, en los cuales solo en dos ha conseguido la victoria (Panathinaikos y Eibar). Pero más allá de los resultados, lo más preocupante es el juego desplegado por el equipo a domicilio. Cuando juega lejos de San Mamés le falta garra e intensidad. Un ejemplo claro de ello es el partido frente el Celta de Vigo, pues en 30 minutos ya iba perdiendo por tres goles a cero. Es un hecho que contrasta con los partidos como local. Inmersos en la tónica general de mala racha, el Athletic consigue disputar de tú a tú los encuentros cuando juega junto a su afición. A pesar de caer derrotados, el conjunto rojiblanco puso contra las cuerdas al FC Barcelona y se hizo con un importante triunfo ante el Sevilla (1-0).

Volver a la senda de la victoria, así como demostrar el juego que durante el inicio de campaña les hacía ser un equipo fiable será la labor de Ziganda en los próximos encuentros. Las posiciones europeas en la competición doméstica cada vez son más caras de conseguir y si el equipo no le da un vuelco a la situación posiblemente se quede fuera después de cuatro temporadas. La idea de Ziganda funcionó en su momento y es necesario que los jugadores vuelvan a coger la confianza en la mentalidad del entrenador para reflotar una situación difícil y volver a ser el Athletic Club al que todos nos gusta ver jugar.

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