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Lejos del Foco: Cheick Diabaté

Los aficionados del Benevento, apodados “Stregoni ” (Brujos), acuden al Ciro Vigorito con la misma ilusión que cuando comenzó la temporada. Es la primera vez en 88 años de historia que su club juega en la máxima categoría nacional. Y no saben cuando esto volverá a suceder. Si algún tifoso tuvo motivos por los que no ir al estadio, desde hace dos meses han encontrado una razón por la que acudir a los partidos. El porqué es Cheick Tidiane Diabaté. Un desgarbado y oportuno delantero centro que ha hecho creer, durante unas semanas, que el milagro era un poco más real.

El delantero malí ha anotado tres dobletes en sus últimos cuatro partidos. Sus victimas fueron el Hellas, el Sassuolo y la Juventus de Turín.

Diabaté tuvo un papel fundamental en la Coupe de France 2012/2013. Marcó 6 goles en 4 partidos. F: www.girondins.com

La vida del delantero del Benevento no ha sido nada sencilla. Sobre todo durante su infancia, donde tuvo que superar momentos muy duros. Pasó parte de su infancia sin su madre, quien murió cuando él era muy joven. Tiempo después, siendo adolescente, presenció el fallecimiento de su padre y su hermano por culpa de la enfermedad, y a su mejor amigo en un accidente, con tan solo 13 años. Estos hechos marcaron en Cheick la idea de que la muerte puede llegar en cualquier momento, por lo que el odio no tiene sentido. En esa entrevista en Le Parisien, se definió como un hombre muy sensible. 

Quizás el deporte ayudó a Cheick a sobrellevar los problemas. Hasta los 18 años jugó en el Centre Salif Keita, equipo de su ciudad natal, Bamako. El club fue creado por Salif Keita con la intención de formar jóvenes jugadores, y así ha sido. Mahamodou Diarrá y Seidou Keita dieron sus primeros pasos allí.

Fue en 2006 cuando el espigado delantero africano recaló en la cantera del Girondins Bordeaux. Por aquel entonces, ya había debutado en la selección absoluta de Mali. Su adaptación a Francia no fue sencilla. En Mali, no mirar a los ojos a quien te habla significa que escuchas con atención, al contrario que ocurría en Francia. Diabaté comentaba que Patrick Battiston, entrenador en esos momentos del filial del Girondins, estuvo casi un año sin dirigirle apenas la palabra. Creyó que cada vez que hablaba con Cheick, él pasaba totalmente de lo que le decía, cuando la intención de Diabaté era la contraria. Tardó un tiempo en comprender la cultura del país galo.

Entre 2011 y 2015, Diabaté fue un fijo en Las Águilas. Anotó 15 goles en 39 partidos. F: AFP.

“Me di cuenta de que la muerte nos iba a llevar a todos y quizás más rápido de lo que pensamos. No tiene sentido odiarse el uno al otro”, admitía el atacante africano en su etapa en Metz.

Su primera experiencia en el fútbol profesional fue en el Ajaccio. Diabaté encontró los minutos que buscaba en Córcega, y el Ajaccio agradeció sus goles. Marcó 14 goles en 30 partidos en Ligue 2. Bastantes de ellos de cabeza, aprovechando sus 1.94 metros de estatura. Tras un mal año en Nancy, regresó a Burdeos, donde demostró ser un goleador nato. En la Ligue 1, disputó 127 partidos y anotó 50 goles, en una constante lucha por la titularidad. En sus cinco temporadas al sudoeste de Francia, consiguió acudir con regularidad a la selección. Destacó su participación en la Copa África de 2012, donde fue uno de los máximos goleadores anotando tres dianas. Dos de ellas ante Ghana, en el partido que decidía el tercer puesto. A finales de 2015 dejó de tener protagonismo en el combinado nacional, coincidiendo con su última temporada en el Girondins.

Cheick marchó hacia Turquia, donde no tuvo suerte. El proyecto deportivo del Osmanlispor FK atrajo al jugador, quien no se adaptó bien. Nivel para destacar tenía, pero no pudo demostrarlo. En Ankara pasó 6 meses a la sombra de Raul Rusescu y del mítico Pierre Webó. En enero decidió volver a Francia, concretamente a Metz. La temporada pasada, al igual que esta, el equipo peleaba por mantener la categoría en Ligue 1 y el comienzo no pudo ser mejor para Diabaté. Anotó ocho goles en catorce partidos, que valieron 9 puntos para el club de Lorena. Finalmente, el Metz hizo posible la salvación.

Phillipe Hinschberger felicita a Diabaté tras la victoria ante el Dijon (2-1). F: Patrick Hertzog (AFP).

Diabaté anotó su último gol con la selección Malí ante Botswana el 11 de noviembre de 2015.

Una lesión en la ingle dificultó el fichaje del gigante malí por el Metz. Septiembre de este pasado curso, fue otro inicio de temporada sin noticias de Diabaté, quien dejó de aparecer en las convocatorias de Las Águilas. Volvió a escena el 18 de febrero, no muy lejos de su querida Francia. El Benevento recibía al Crotone, y el partido comenzó como siempre. Pero el equipo, aupado por un buen Viola y el liderazgo de Sandro, llegaba al minuto 89 con 2-2 en el luminoso. Tras un ataque desesperado y varios rebotes, el balón cayó a los pies de Diabaté. Quien hizo lo que mejor sabe hacer, dar la victoria a su equipo. A partir de ahí, Diabaté va a ritmo de doblete. Así fue contra Sassuolo, Hellas y Juventus. El Malí lleva un triple 7. Siete goles en siete partidos, que suponen siete puntos para los Stregoni. 

Siempre que ha gozado de cierta continuidad, Diabaté ha respondido con goles. No ha tenido la suerte de jugar para un equipo grande. Tampoco le ha hecho falta. Sin considerarle un delantero mundialmente conocido, es un goleador consolidado en el fútbol francés. Y está forjándose un nombre en el Calcio. Cheick Tidiane Diabaté ha desarrollado casi toda su carrera en la élite del fútbol europeo. La mayor parte lejos del foco.

 

 

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