Atrás quedan ya aquellos clásicos en los que parecía que el mundo se paraba. Había seis encuentros entre Barcelona y Real Madrid y los seis eran el partido del siglo. Luchas físicas, técnicas y psicológicas, sobre todo psicológicas donde siempre había un protagonista común. José Mourinho llegó a España y transformó el ambiente del clásico. Tal fue la revolución, que parece que los de ahora son descafeinados. Y eso que Valverde y Solari se juegan algo más que una posible final. Pero es que el portugués llevó los enfrentamientos Barça-Real Madrid a otro nivel.

Su transcendencia no se limitó a las ruedas de prensa (aunque ahí fuese el puto amo) y todo lo que englobara el clásico fuera del césped no, por supuesto que tuvo impacto en los planteamientos tácticos y el transcurso de los noventa minutos.

De aquellos Coentraos a estos Reguilones

La última eliminatoria que el Real Madrid consiguió vencer al Barcelona a doble partido fue en la temporada 2012-2013. En aquella época se vivieron los mejores clásicos de los últimos años. Un Barcelona que rozaba la perfección frente a un Real Madrid que año tras año iba configurando el molde para poder acabar con la hegemonía culé.

En aquella temporada 2012/2013, se llegaron a jugar hasta seis clásicos. Los de Mourinho tan solo cayeron derrotados en uno de ellos, el primero. La ida de la Supercopa de España la ganó por 3-2 el Barcelona, que sumado al 2-1 en la vuelta otorgaba el título a los blancos. Aquellos dos enfrentamientos dieron pistas al técnico portugués del como hacer daño a los culés.

Con todo esto, Mourinho decidió apostar por un fútbol muy inglés. Las temporadas anteriores había apostado por un sistema conservador y salvo en la final de Copa del Rey, la mayoría de las veces salía mal. Así que intentó que la eliminatoria fuese de idas y venidas. Eso sí, era José, valientes en ataque vale, pero con la espalda cubierta. “No somos tontos tampoco” pensaría el luso.

Consciente de la congestión del mediocentro con los Xavi-Busquets-Iniesta enfrente del X. Alonso-Khedira-Ozil(o Modric), Mourinho dio importancia a la subida de los laterales culés y colocó a Arbeloa por la izquierda y Essien por la derecha en la retaguardia. En aquel Barcelona que Cesc jugaba de falso 9, el Barcelona jugaba con tan solo Pedrito como extremo en un sistema asimétrico, así que Arbeloa y Essien daban más importancia a la subida de Alves y Jordi Alba que la incursiones del extremo canario que solían buscar la espalda de los centrales. El experimento en la ida no fue malo pese a que el 1-1 no era el mejor resultado posible.

Para el partido de vuelta, el Real Madrid necesitaba como mínimo un gol y el cambio de Mourinho en su defensa fue la entrada de Coentrao por Essien y el cambio de la banda izquierda a la derecha de Arbeloa. El resultado fue de 1-3 para el Real Madrid. El equipo de Mourinho neutralizaba bien al Barcelona, Di María que jugó de titular en cumplió la misma función que Callejón, que estuvo en el once inicial en la ida. Actuando casi como lateral cuando el Barcelona tenía la posesión, de este modo se anulaba la posible sorpresa de un Dani Alves que tanto daño había hecho temporadas anteriores. El fideo fue precisamente el que inició la jugada del 0-2 y sentenció aquella eliminatoria. Carles Puyol aún debe acordarse de aquel roto frente al argentino.

Aquel fue quizás el partido mejor llevado a cabo por los blancos durante el mandato de José Mourinho frente al Barcelona. La única ocasión en la que el técnico portugués consiguió que su equipo perforase la porteriá del Camp Nou hasta en tres ocasiones, los contragolpes de aquella noche se habrán puesto durante estos años en las mejores escuelas de fútbol.

Como hemos comentado, la importancia de extremos de recorrido como Di María o Callejón fue vital en aquella eliminatoria, como también lo puede ser en el encuentro de hoy. En estos tiempos el Barcelona ya no juega como aquel equipo de Tito Vilanova pero el sistema en ataque sigue siendo asimétrico. Si juega Dembélé, Reguilón o Marcelo se verán las caras con él como ya lo hizo el brasileño en la ida frente a Malcom, lo cuál fue un bochorno defensivo en el que Vinicius tuvo algo que ver con su escasa ayuda. Por su parte, Dani Carvajal tendrá que vigilar las subidas de Jordi Alba. Para ello, seguramente cuente con la ayuda de un Lucas Vázquez, cuya mejor virtud frente a otros candidatos al puesto de extremo derecho titular es la de asegurar kilometros recorridos.

Este año, con el resultado de 1-1 en el Camp Nou, son los de Valverde los que necesitan al menos un tanto en la vuelta. Con el estado de forma de Leo Messi la tarea no presenta tanta dificultad. Hay que esperar para saber si el técnico culé contraresta el doble lateral Lucas-Carvajal con la inclusión de Coutinho buscando superioridad en el centro del campo. Lo que parece evidente es que Malcolm no repetirá titularidad, hecho provocado por la vuelta de Dembélé.

Posiblemente Solari planteará un partido similar a como lo hizo Mourinho en la ida de aquella eliminatoria. Debemos esperar para saber si en esta ocasión, la balanza se declinará por el blanco o por el azulgrana.

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