El media punta franco-tunecino dejó otra exhibición para el recuerdo en el Roazhon Park. Unai Emery, quien desterrase al futbolista en París, fue el principal damnificado.

Infografía sobre el rendimiento del futbolista francés esta temporada. F: Carlos Valero

En ciertas ocasiones, pese a ser tú el que cumples años, es más gratificante otorgar un regalo que recibirlo. Ese sentimiento impregnó a Hatem Ben Arfa al enfilar el túnel de vestuarios tras el pitido final. Y es que, el día de su treinta y dos cumpleaños, el futbolista francés brindó una actuación difícil de olvidar.

Como si de un príncipe se tratase, Ben Arfa actúa con total libertad. Se pasea por su jardín sin que ninguna zona del mismo esté restringida para él. Decide el cómo y el cuándo de cada acción que pasa por sus botas y se encarga de gestionar quién es más apropiado para cada acción. No siempre su zurda es la que marca el camino, también puede ser la pierna derecha de Bourigeaud. Al nuevo príncipe bretón no se le caen los anillos si tiene que dar un paso al costado en ciertas ocasiones, tampoco si tiene que correr detrás del balón. La capacidad de sacrificio del media punta ha avanzado con el paso de los años.

Ben Arfa fue el hombre del partido el día de su cumpleaños. F: AFP.

Con la experiencia adquirida, Hatem Ben Arfa observa el entorno desde otro prisma. Mirar a quien fuera tu verdugo y esbozar una sonrisa por la comicidad de sus gestos. Olvidados quedan aquellos entrenamientos con el filial parisino. “Este Unai es único”, debió pensar mientras su equipo hacía que el técnico guipuzcoano perdiera la calma. No es para menos, 40 minutos tardó en forzar la expulsión de Sokratis. Al ver que Kruzlaik sacaba el cartón rojo de su bolsillo, Hatem lanzó un guiño a Xhaka, quien pasaba por ahí. Todavía quedaba casi una hora de diversión para el de Clamart. Disfrutar de llevar el balón cosido a la bota, driblar, frenar y arrancar. En definitiva, desesperar al defensa que se cruce en su camino. Ese es su objetivo.

En la capital de Bretaña hay muchas formas de disfrutar del arte, en toda la magnitud de su concepto. El Museo de Bellas Artes guarda obras de Boticelli y Picasso. Rhoazen Park está lejos de albergar esos cuadros, pero también dispone de un genio que, por fin, ha alcanzado la madurez. Ya lo dijo Karim Benzema: “He visto a Ben Arfa hacer cosas con el balón que no vi hacer a nadie”.

Malas decisiones, tanto deportivas como extradeportivas, llevaron al mago zurdo a no poder cumplir sus sueños. Tras su convulsa etapa en París, el príncipe ha vuelto a encontrar un sitio en el que demostrar su habilidad y hacer disfrutar al pueblo. La corona es lo de menos.

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